
Me senté en ese banco, en el que las rayas abundan y no precisamente en las camisetas de los niños. Me senté pensando que no podía más, que ni el cucúm de mi corazón podría seguir con su cantinela, no hoy. Me senté esperando que el frío congelara mis articulaciones, enfriase mis músculos y pusiese mis pulmones a grados bajocero, pero nada sirvió, el cucúm retonaba en mis oídos más que nunca, mis huesos me hacían recordar que seguían ahí y la sangre enrojecía mi piel como un noteolvidesdemí.
1 comentario:
Me he sentido tantas veces así, que ha sido leerte y rendirme :)
Publicar un comentario