La cosa es sencilla, sólo tienes que abrir los brazos de par en par. Abrirlos tanto que un poquito de tu respiración se pierda en el camino. Pensar en cuánto lo echabas de menos y en que puede ser el último, así lo disfrutarás más. Ahora sólo te falta buscar a la persona idónea, mirarla y hacerla saber que vas a hacerlo, que no tiene escapatoria, que aunque no quiera, le vas a dar un abrazo, uno de esos abrazos fuertes, pero blanditos a la vez, de esos que te quitan las ganas de respirar. Sólo cuando lo hagas, sonreirás tanto que te dolerán las ganas de volver a hacerlo la próxima vez, porque eso es lo bueno de los abrazos, que se repiten tantas veces como lo necesites.
lunes, 17 de mayo de 2010
La cosa es sencilla, sólo tienes que abrir los brazos de par en par. Abrirlos tanto que un poquito de tu respiración se pierda en el camino. Pensar en cuánto lo echabas de menos y en que puede ser el último, así lo disfrutarás más. Ahora sólo te falta buscar a la persona idónea, mirarla y hacerla saber que vas a hacerlo, que no tiene escapatoria, que aunque no quiera, le vas a dar un abrazo, uno de esos abrazos fuertes, pero blanditos a la vez, de esos que te quitan las ganas de respirar. Sólo cuando lo hagas, sonreirás tanto que te dolerán las ganas de volver a hacerlo la próxima vez, porque eso es lo bueno de los abrazos, que se repiten tantas veces como lo necesites.
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