
Hay veces que las cosas suceden sin un por qué. Sin razón alguna, el sentido de tu vida cambia y te das cuenta de que vas en dirección contraria. Tus sentimientos se estrellan a 2oo por hora y vuelves al principio, a la salida. Sin nada y te sientes estúpida.
Mis cambios siempre fueron de forma radical, aunque yo no lo quiera, y no sabes lo que me cuestan los comienzos. Son mucho más fáciles cuando compro un billete sencillo por mi pereza a la hora de comprar el máldito abono. Sí, y digo máldito, porque hace que todos mis días sean iguales, sin darles lo especial de cambiar de número, la incertidumbre de no saber dónde acabarás ese día, a dónde te llevará ese trozo de papel.
Lo mismo pasa con las personas, ésas que aparecen en tu vida sin saber de dónde vienen, con la única certeza de que no quieres que se vayan.