Me gusta respirarte cuando voy a buscarte al trabajo, pero lo que no sabes es que no sólo me gusta hacerlo porque me siento como en casa, sino que nunca te he dicho que el momento antes de que bajes es mi favorito. Me encanta imaginar cómo me mirarás antes de besarme y darme el abrazo más grande del mundo para acortar las distancias. Para poder olerte y sonreír al darme cuenta de que mataría por mil momentos como esos. Me gusta respirarte cuando me dejas en casa y te vas, pero tu olor se queda en mis manos. Es ahí cuando enloquezco, porque tu olor en mi piel es lo mejor que me ha pasado en estos últimos meses y no lo cambiaría por nada. De tu garganta y tus manos hablaremos en otro momento, en otro lugar y bajito, tan bajito que sólo tú puedas escucharme.
sábado, 19 de noviembre de 2011
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)